Reflexiones


Celebrar el Amor de Dios


“Señor, no soy digno de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya bastará para sanarme”
. (Mt.8,8).

Celebrar"El misterio pascual de la cruz y de la resurrección de Cristo está en el Centro de la Buena Nueva que los apóstoles, y la Iglesia a continuación de ellos, deben anunciar al mundo. El designio salvador de Dios se ha cumplido de “una vez por todas” (Hb 9,26) por la muerte redentora de su Hijo Jesucristo" (C.T 571).

¡Esta es nuestra Fe!. “ La Iglesia – repetía Juan Pablo II, en el año del Jubileo a los miles de jóvenes reunidos en Roma – lo proclama ininterrumpidamente durante los siglos, caminando “ entre las incomprensiones y las persecuciones del mundo y las consolaciones de Dios” (San Agustín) y lo confía a todos sus hijos como tesoro precioso que cuidar y difundir ”..

“ En la cruz está la Salvación”. La Cruz “ se manifiesta como centro, sentido y fin de toda la historia y de cada vida humana” (Evangelium Vitae, 50).¡Jesús ha dado la vida por nosotros; muriendo en la cruz por amor;"para que tengamos Vida": Vida en abundancia… Este es el misterio de la Redención: hemos sido redimidos, liberados de la terrible esclavitud del pecado. Por su muerte y resurrección, tenemos "la Vida Eterna".

“ El Dios de la creación se revela como Dios de la redención, como Dios que es fiel a sí mismo, fiel a su amor al hombre y al mundo, ya revelado el día de la creación…¡Qué valor debe tener el hombre a los ojos del Creador, si ha merecido tener tan grande redentor!” (Redemptor Hominis,9.10).

Nuestra vida y el latido de nuestro corazón, deben proclamar: “Señor Jesucristo, Hijo del Dios Vivo, buen Pastor y hermano nuestro, nuestra única opción es por Ti” (st.Dom303).

¡Qué grande es la medida de este amor de Dios a todo hombre, a todo el hombre.! ¡Cuánto hemos ganado por este amor del Señor; que se ha hecho donación eterna y sin medida!...Hasta el punto de quedarse en un pedazo de pan y un poco de vino. Dándonos así, su Cuerpo y su Sangre, aquella noche de la última cena y repitiéndose por su mandato a los apóstoles; y sus sucesores: "hagan esto en conmemoración mía".

Eucaristía¡Qué DON ADMIRABLE es la EUCARISTIA!.

TODO EL AMOR DE DIOS, CONTENIDO EN ESE PEDACITO DE PAN.

Todo el Amor de Dios por ti, por mí, por cada uno y por todos: porque Su Amor es personal y único.

“ Sí, queridos amigos, ¡Cristo nos ama y nos ama siempre!. Nos ama incluso cuando lo decepcionamos, cuando no correspondemos a lo que espera de nosotros. Él no nos cierra nunca los brazos de su misericordia. ¿Cómo no estar agradecidos a este Dios que nos ha redimido llegando incluso a la locura de la Cruz?,¿A este Dios que se ha puesto de nuestra parte y está ahí hasta el final? (Juan Pablo II; "A los Jóvenes", Año del Jubileo´2000).

Jesucristo, nos convoca en Su Iglesia. De la cual formamos parte por la fe y el Bautismo. Todos estamos llamados a formar parte de ella; y ser Iglesia cada uno de nosotros. La Iglesia es el Pueblo de Dios, en medio del mundo; llamada a ser "una gran familia que vive Su Amor y se nutre de ese Amor".

La Iglesia es el Cuerpo de Cristo. El es la Cabeza y ésta vive de El, en El y por El; El vive con ella y en ella. Qué hermosa reflexión acerca de la Iglesia, nos ha dejado el Catecismo de la Iglesia Católica (748 AL 865); meditándolo se renueva nuestra fe y amor a la Iglesia de Cristo; y nos lleva a repetir con gozo: "SÍ, CREO EN LA SANTA IGLESIA CATÓLICA".

Jesús nos ha dejado como "Don de su Amor", los sacramentos; para que ellos nos ayuden a crecer en la vida de santidad ; edifiquemos su Cuerpo Místico, la Iglesia; y se haga más fuerte nuestra Fe.

Por los Sacramentos "celebramos el Amor de Dios". Los católicos muchas veces estamos acostumbrados a hablar o que se nos hable de ellos. Sabemos que son siete, que han sido instituídos por Cristo mismo.

No pocas veces, los sentimos como “ siete ritos” que nos acompañan desde el nacimiento hasta la muerte. Pero, no valoramos cuánto “ significan ”; transformándose en ritos vacíos de nuestra práctica religiosa. Pues, no hay en nosotros un corazón bien dispuesto, para que "el poder de Cristo y de su Espíritu actúen en nosotros, renovando y transformando nuestra vida cristiana".

Quizás, por eso, muchas veces en la Celebración de la Eucaristía, nos vemos con cara larga, cuando nuestro espíritu, nuestro cuerpo y los gestos mismos deberían contagiar de alegría: ¡vamos a celebrar el Día del Señor, a Cristo que se hace Pan de Vida para nosotros, vamos a compartir y celebrar todo este Amor Divino que se nos da! …

El Catecismo de la Iglesia, nos enseña algo que debiera ser fundamental para nosotros: La Eucaristía es “ fuente y cima de toda la vida cristiana” (LG.11). “ Los demás sacramentos, como también todos los ministerios eclesiales y las obras de apostolado, están unidos a la Eucaristía y a ella se ordenan. La Sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua (PO 5)” (Nº 1324).

El querido Papa Juan Pablo II, compartía así su experiencia: “ Cada día, mi fe ha podido reconocer, en el pan y en el vino consagrados, al Divino Caminante que un día se puso al lado de los dos discípulos de Emaús para abrirles los ojos a la luz y el corazón a la esperanza (cf LC 24,33-35)” (Ecclesia de Eucaristía).

Muchas veces decimos: "Yo creo, rezo…pero, voy a misa cuando lo siento" , "Yo cumplo con Dios en mi casa, rezo el rosario…"; "Hay tantos que van a misa y después …"

¡No hemos comprendido el infinito Amor de Dios; no le hemos dejado entrar en nuestro corazón! ¡Cristo no es para nosotros, el ACONTECIMIENTO de nuestra vida!…¡No es Él para nosotros, ´ EL SEÑOR `!... Qué triste…Nos parecemos entonces al joven rico del evangelio: que se marchó triste…Nosotros también, andaremos la vida, tristes…

SantisimoDe otra manera, cada Domingo sería para nosotros: la Fiesta del Señor. “ La Fiesta, donde celebramos el paso del Señor por nuestra vida y en nuestra familia “. El encuentro con Cristo, en los hermanos que celebran…

No tiene sentido la oración en nuestra casa, las muchas obras buenas que podamos realizar…, si nos falta la “ Celebración Eucarística del Domingo”: donde no sólo asista a la Misa, sino donde participe, donde reciba al mismo Señor que se entrega a mí en la Eucaristía, como "Pan de Vida".

“ Es preciso insistir en este sentido, dando un realce particular a la Eucaristía Dominical y al Domingo mismo, sentido como Día especial de la fe, Día del Señor resucitado y del Don del Espíritu, verdadera Pascua de la semana. Desde hace dos mil años, el tiempo cristiano está marcado por la memoria de aquel "primer día de la semana"(Mc 16: 2-9;Lc 24,1;Jn 20,1), en el que Cristo resucitado llevó a los apóstoles el don de la Paz y del Espíritu (cf Jn 20: 19-23)” (Novo Millennio Ineunte; 35).

La participación en la Eucaristía Dominical, nos hace testimoniar con más fuerza una auténtica vida, según Cristo nos propone; nos hace experimentar que somos Familia de Dios, reunida en torno a la Mesa de la Palabra y del Pan Eucarístico. Nos hace vivenciar así al Día Domingo como el "Día de la Iglesia", que puede vivir de manera profunda y eficaz, su ser de "sacramento de Unidad".

Sólo desde la Eucaristía lograremos hacer realidad, el deseo y llamado del Papa: ”…nuestras comunidades cristianas tienen que llegar a ser auténticas "escuelas de oración", donde el encuentro con Cristo no se exprese solamente en petición de ayuda, sino también en acción de gracias, alabanza, adoración, contemplación, escucha y viveza de afecto hasta el "arrebato del corazón" (idem,33).

¡Qué gozo construir comunidades así, desde la celebración dominical de la Eucaristía!.

“ Recibir la eucaristía – decía Juan pablo II – significa transformarse en Cristo, permanecer en Él, vivir para Él. El cristiano, en el fondo, debe tener una sola preocupación: vivir para Cristo, tratando de imitarlo.

Sólo mediante la Eucaristía es posible vivir las virtudes heroicas del cristianismo: la caridad hasta el perdón de los enemigos, hasta el amor a quien nos hace sufrir, hasta el don de la propia vida por el prójimo; la castidad en cualquier edad y situación de la vida, la paciencia, especialmente en el dolor y cuando se está desconcertado…

De este sacramento es de donde recibimos Gracia y fuerza para la vida diaria, para vivir la auténtica vida cristiana con la alegría de saber que Dios nos ama, que Cristo murió por nosotros y que el Espíritu Santo vive con nosotros…

La vida interior, para desarrollarse, exige participar de la Santa Misa y acudir al sacramento de la reconciliación. De este modo, toda la existencia estará impregnada de Cristo. El nos dice:” El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y Yo en él”.

La Eucaristía es el alimento que nos proporciona, de manera especial, la fuerza espiritual para dar testimonio y para producir fruto abundante. Por eso es tan importante la participación en la Misa dominical”.

“ En el humilde signo del pan y del vino, transformados en su cuerpo y en su sangre, Cristo camina con nosotros como nuestra fuerza y nuestro viático, y nos convierte en testigos de esperanza para todos. Si ante este misterio la razón experimenta sus propios límites, el corazón, iluminado por la Gracia del Espíritu Santo, intuye bien cómo ha de comportarse, sumiéndose en adoración y en un amor sin límites” (E:E. Nº 62).

"Yo soy el Pan de Vida. yo soy el verdadero Pan del cielo. el que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed" (Jn 6,35).

Cada domingo , JESUS nos ofrece "el Pan de viene del Cielo y que da la vida eterna". Que nuestro amor a El, nos lleve a gritar con devoción y adoración: ” Señor, dános siempre de este Pan”…

Gracias, Señor por este Don tan admirable…¡Que sepamos responder con amor, a tanto Amor!...

Bendito y alabado seas, en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía …

Una breve reflexión, que luego profundizaremos, me lleva a concluir: "¡No hay Eucaristía sin el Sacramento del Perdón y la Reconciliación!".

CARTA ENCÍCLICA DE JUAN PABLO II: "ECCLESIA DE EUCHARISTIA"
Aqui está el Tesoro de la Iglesia, el corazón del mundo, la prenda del fin al que todo hombre, aunque sea inconscientemente, aspira. Misterio grande, que ciertamente nos supera y pone a dura prueba la capacidad de nuestra mente de ir más allá de las apariencias. Aquí fallan los sentidos…, pero nos basta sólo la fe, enraizada en las palabras de Cristo y que los apóstoles nos han transmitido. Dejádme que, como Pedro al final del discurso eucarístico en el evangelio de Juan, yo le repita a Cristo, en nombre de toda la Iglesia y en nombre de todos vosotros: “ Señor, ¿dónde quien vamos a ir ¿. Tú tienes palabras de Vida Eterna ” (Jn 6,68)…" (Nº 59).

"Todo compromiso de santidad, toda acción orientada a realizar la misión de la Iglesia, toda puesta en práctica de planes pastorales, ha de sacar del misterio eucarístico la fuerza necesaria y se ha de ordenar a El como a su Culmen. En la Eucaristía, tenemos a Jesús, tenemos su sacrificio redentor, tenemos el don del Espíritu Santo, tenemos la adoración, la obediencia y el amor al Padre, si descuidáramos la Eucaristía, ¿cómo podríamos remediar nuestra indigencia?" (Nº 60).


Adoración

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